Autoritarismo-En busca del estado perdido

Autoritarismo-En busca del estado perdido

Uno de los elementos esenciales para ser político es precisamente hacer política, suena lógico, pero en la práctica no lo es. La construcción de acuerdos en la gobernanza es la distinción entre un ejercicio democrático del poder frente al imperio que da el absolutismo.

La democracia obliga a escuchar e incorporar todas las ideas, no hay discriminación, se deben de atender por igual porque al final de cuentas lo que se pretende es el beneficio común sin importar de donde venga la propuesta. En este sentido hay que cuestionar al gobierno de mayorías porque se transforma en opresor de las minorías, lo conveniente -sin duda- son los estados inclusivos que representan a toda la sociedad.

Para muestra un botón: en la elección del 2018 México tenía una población de 123 millones de habitantes, con un registro de electores de 89 millones de los cuales 30 votaron por López Obrador, esto significa que nos gobierna una persona que fue electa por una cuarta parte de la población, siendo así habría que plantear ¿AMLO representa la voluntad de todos los mexicanos? 

30 millones son muchos, pero no son todos.

Las mayorías pueden ser ilusorias cuando resultan de una participación fraccionada del universo de la población, dando lugar a que una enorme porción de los habitantes no se sienta representados. Hoy lo estamos viviendo.

No discutiré si la reforma electoral iniciada por el Presidente López Obrador fortalece o no nuestro sistema, mucho ya se ha dicho de ello, sino la forma en que fue pasada. Toda iniciativa que toque la base fundamental de la estructura democrática de la Nación requiere del consenso de las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión pues se trata de la vida misma de la República -atañe a todos- no solamente a la mayoría de la minoría. El ejercicio de gobierno debe cimentarse en la construcción de voluntades comunes no en la imposición de la visión absolutista que da el autoritarismo.

Lo vimos, en la Cámara de Diputados no se escuchó al oponente porque MORENA se arrogó una representación que no tiene, afirmando que su mayoría es la voz de todos los mexicanos, olvidando que tan solo lo son de una cuarta parte de la población y que el resto -la mayoría- optaron por otras voces -incluso la del abstencionismo- con quienes necesariamente hay que consensar.

Lo ocurrido esta semana en la Cámara de Diputados desnuda la ausencia de la política como eje central de este gobierno empeñado en justificar sus decisiones bajo la bandera de la mayoría, argumentando que son actos del pueblo idealizado, no obstante que existen 90 millones de mexicanos que no optaron por la Presidencia de López Obrador, por tanto, no necesariamente compartirán la idea del gobierno que representa a una mayoría fraccionada.

Estamos en un momento complicado para la democracia mexicana -definitorio- en el que se destruye o se construye. No permitamos que la República se nos vaya de las manos por el abuso de la voluntad de una supuesta mayoría que en realidad pudiera ser una falacia.

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