En busca del estado perdido-Simbolos

En busca del estado perdido-Simbolos

Afirma el hispanista Joseph Pérez que son cinco los símbolos necesarios para la cohesión de una nación, los identifica como la bandera, himno, escudo, héroes y ejercito. Sostiene que en la medida que estos estén presentes en la vida cotidiana de la población, la pertenencia con el Estado será mayor. Quién podrá negar que al escuchar el himno nacional mexicano o ver los honores que se rinden a la bandera tricolor produce en la inmensa mayoría -niños, jóvenes, adultos, ancianos- orgullo y que este es exponencial si el acto ocurre en el extranjero, es por eso que los deportistas de alto rendimiento -preparados psicológicamente para las grandes emociones- al recibir el homenaje de ganadores llegan al llanto al escuchar el canto nacional y ver el lábaro patrio vencedor en lo alto del pódium.

El pasado sábado 24 de septiembre se celebró el funeral de la Monarca Inglesa Isabel II, en un acto cargado de simbolismos que debemos de apreciar. El estandarte real, el emblema de la monarquía que tradicionalmente ondeaba sobre Buckingham, Sandrigham o Windsor cuando la Reyna estaba allí, cubrió su ataúd y sobre el mismo se colocó dos insignias reales, el cetro y el orbe, un globo terráqueo rematado por una cruz que representa el mundo cristiano. El féretro después de la ceremonia religiosa fue transportado en un carruaje, que originalmente fue hecho para mover cañones de la Naval Inglesa cuyo peso es de más de 2.5 toneladas, tirado por 142 efectivos de la Marina Real, desde la Abadía de Westminster hasta el Arco de Wellington, a su paso el pueblo expresó su respeto al cortejo luctuoso cuya organización fue apoyada por más de 18 mil voluntarios.

Los ingleses, con menos de la mitad de población que la nuestra, mostraron al mundo la importancia de los símbolos como eje constructor de la conciencia de una potencia poderosa, respetada, temida, en la que todos, sin importar estar a favor o en contra de la monarquía, vivieron el luto y despidieron con honor a su Reyna.

México tiene insignias: bandera, himno, escudo, héroes, ejercito, estos gravitan en la conciencia colectiva como un elemento concentrador, lo vemos y lo vivimos, los ejemplos son claros: el izamiento en el Zócalo Capitalino, la bandera monumental en los partidos de futbol, el impresionante cantar del himno nacional en el mundial de Rusia que sorprendió al mundo -en especial a los alemanes- la arenga de vítores a los padres de la Patria todas las noches del 15 de septiembre, el imponente ejército nacional, símbolos que nos enorgullecen mostrándonos como una unidad aún pese a nuestras diferencias políticas, sociales, económicas, culturales, sin duda alguna, son el sentimiento más democrático que se pueda albergar.

Agregaría como un símbolo necesario de conexión la figura del poderoso mandatario por la simple razón de que representa al Estado, no solo a la mayoría, en este sentido no hay ostentación sino presencia de la Unión Federal, en nuestro caso, el Presidente de la República. 

Al pueblo le gusta ver a un Ejecutivo fuerte y vigoroso tanto en el discurso como en las decisiones, con un círculo que le de cuerpo, como ocurre en las caravanas presidenciales de otros países, porque el poder se muestra, al gobernado le agrada, sin que se tenga que llegar a los excesos del Lopezportillismo, pero tampoco a las pobrezas del Mujiquismo uruguayo, país que apenas alcanza la población de Cuautitlán Izcalli.

México es una de las 20 economías más poderosas del orbe, donde habitan 120 millones de mexicanos, lleno de mujeres y hombres que son ejemplo para la humanidad, con académicos, deportistas, artistas, estudiantes y jóvenes, reconocidos internacionalmente, con una historia sin parangón, sin duda, nos gusta que el líder ennoblezca a la grandeza de nación que somos ejerciendo y mostrando el poder que se le confió, porque estamos ávidos que los símbolos nacionales acallen los disparos del odio, de la violencia, de la división y mostrar al mundo que la Patria nuestra no está destruida por el carcoma del narco, ni que la violencia nos dobla, somo un país enriquecido por el esfuerzo franco de millones, por la unión que da el acto más republicano que existe que se da precisamente al entonar el himno nacional.

Hoy más que nunca necesitamos ver el poder del Águila.

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