Retrato Ormeta – ¿El plan B de AMLO?

Retrato Ormeta – ¿El plan B de AMLO?

Se acerca el quinto año de gobierno del presidente López Obrador y con ello, el ocaso del sexenio toma cada vez más fuerza. Históricamente, el quinto año del sexenio suele ser un año de definiciones políticas en miras claras a la sucesión, teniendo siempre en cuenta que durante este lapso el Ejecutivo Federal selecciona a su posible sucesor. El quinto año suele ser de claroscuros, por su parte, el jefe político debe dejar de concentrar la atención y su fuerza para trasladarla a su candidato, trayendo una cascada de consecuencias, las cuales incluso han creado serios vacíos de poder. Esto es, durante esta parte, ya no habrá cambios de rumbo ni golpes de timón para componer el rumbo del gobierno, sino que durante este tiempo se moverá ese elefante político gigante que cada seis años espera ansioso menearse. Todo lo que se haga o deje de realizar es porque se tiene la mira puesta en la sucesión presidencial.

Más aún, para el presidente López Obrador los cimientos legales y constitucionales relevantes ya quedaron puestos en la primera parte de su sexenio. Esto es, todos los cambios jurídicos que le interesaban al Ejecutivo Federal ya están completados, no hay ningún pendiente que tenga alta prioridad, pues ya se aprobaron los cambios constitucionales en la materia educativa, de seguridad, de justicia y de políticas sociales. De ahí que, se explica que esta iniciativa electoral no sea de alta prioridad para el presidente, si hubiera querido una reforma constitucional en este rubro la hubiera hecho en los primeros años de su gobierno cuando tenía una legitimidad incuestionable y tenía la mayoría calificada en ambas cámaras legislativas. Este famoso plan B en materia electoral no busca tocar de fondo el sistema electoral, sino lo que busca es acaparar agenda pública y golpear al árbitro en miras de tenerlo débil para los comicios del 2024.

Para nadie es un secreto que al presidente le encanta tener una “piñata política” que este golpeando día y noche. Esta piñata política le ha servido para muchas cosas, ya que, ha ayudado a diferenciarlo y a resaltar su estilo de gobierno. Así es, que mejor que resaltar su austeridad republicana, sus jornadas extenuantes y demás formas de gobernar sí enfrente tiene instituciones que no hacen lo anterior o se alejan completamente de aquellos dogmas. De tal forma que, el presidente selecciona una piñata para señalarla por no hacer lo que él hace, la golpeará porque es diferente a lo que representa y la señalará justo por esa diferencia. Es un festín poder señalar a lo que es distinto para demostrar nuestra particularidad, así como tomar la narrativa de que sólo lo que hacemos nosotros es lo que es correcto. Por tanto, la piñata política predilecta del presidente ha sido el INE, pues los ha tomado para resaltar su política pública comparándola con lo que ahí hacen.

Por otra línea, no es casualidad que el presidente haya elegido al INE como su saco de box. Golpear todos los días al árbitro, cuestionar sus medidas en las mañaneras e instigar a las hordas de bots para que cuestionen el hacer de las autoridades electorales tiene como claro objetivo que el árbitro llegué debilitado a la elección presidencial. En efecto, el debilitamiento consiste en que a todo momento se le debe cuestionar su actuar para que se fortalezca la percepción ciudadana de que todo lo que hace el INE está en duda o mal hecho, cualquier decisión debe ser confrontada para que haya una percepción de que existe un árbitro incapaz o que basa sus decisiones en prejuicios en contra del gobierno. De ahí que, el presidente les seguirá pegando cada vez que pueda para que llegado el momento y cuando las circunstancias se le acomoden, pueda decir con toda soltura “Se los dije”.

Es cierto que al presidente le caló muy hondo la marcha ciudadana que salió en defensa del INE, pero igual es de cierto que sí hubiese querido hacer cambios en el sistema electoral, ya los hubiera hecho desde hace tiempo. Por ende, este plan B para reformar el sistema electoral sólo busca debilitar al árbitro electoral con miras en la sucesión presidencial y también este plan le ayuda a tener un villano favorito que resalte lo que ha venido realizando a lo largo de su sexenio. Este plan B no es más que una estrategia política para lo que se avecina en la elección presidencial.

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