Retrato Ormeta – La marcha del ego presidencial

Retrato Ormeta – La marcha del ego presidencial

Históricamente en México el poder presidencial convoca a manifestaciones multitudinarias por tres motivos: la búsqueda de la unidad nacional, la muestra de respaldo popular a una medida controvertida tomada y para inflar el ego del menguado pecho del inquilino de Palacio Nacional. En efecto, debemos recordar que cuando México ingreso a la Segunda Guerra Mundial, así como cuando el presidente Cárdenas decidió la expropiación del petróleo, desde el poder presidencial se convocaron a los ciudadanos a salir a marchar para demostrar que había un fuerte respaldo con convencimiento a la decisión tomada. El salir a las calles ante tales situaciones fue con el fin de señalar que los mexicanos se unían palmo a palmo con el gobierno para hacer frente a una amenaza que podía poner en riesgo la soberanía nacional. Estas marchas fueron oxígeno puro de legitimidad para el presidente Ávila Camacho y Cárdenas respectivamente.

El segundo tipo de marchas tienen como escenario una cuestionable decisión presidencial que necesitó crear la percepción de que una gran parte de sus gobernados la respaldaba, percepción que se alimenta cuando organizan manifestaciones que tienen como bandera el respaldo a la decisión presidencial. La diferencia con el primer tipo consiste en que en este segundo escenario las personas no salen con convencimiento al llamado a marchar, sino que salen a las calles por diversas razones como pueden ser la influencia del corporativismo sindical o por órdenes directas de sus jefes laborales. Ejemplos abundan, cuando el presidente López Portillo nacionalizó la banca o cuando el presidente Echeverría hizo ajustes inflacionarios a la economía o cuando el presidente Salinas de Gortari realizó su reforma agraria, desde el púlpito presidencial se convocaron a las personas a salir a marchar para dar el respaldo al titular del Ejecutivo Federal.

Las anteriores manifestaciones populares no fueron producto de que las personas estuvieran de acuerdo con las decisiones presidenciales, sino que acudían al llamado porque se los exigían sus jefes laborales o porque el sindicato al que pertenecían así se lo ordenaba. El no acudir al llamado conllevaba a la pérdida del trabajo, a la exclusión de la organización sindical o al castigo de no recibir una prestación laboral. Una de las ventajas del corporativismo sindical para el partido hegemónico fue justo que podía disponer de miles trabajadores para convocarlos a su antojo con la anuencia de sus líderes “charros” plegados a los designios del poder presidencial, este último poder presidencial que ganó por mucho al convocar a las masas trabajadoras o campesinas mandando el mensaje político de que la clase trabajadora respaldaba a muerte una decisión suya muy cuestionable. Este tipo de manifestaciones lograron darle un respiro al presidente al turno, aunque las Historia nos demostró que dicha decisión cuestionable resultó fatal para el país. 

Finalmente, existen las marchas que alimentan el ego presidencial. Esta clase existe porque son convocadas desde el poder para que pueda el líder darse un famoso “baño de pueblo” o son organizadas para que simplemente pueda sonreír el jefe desde su balcón al ver a miles de personas que salieron a las calles por su simple capricho. Ejemplos de este tipo son las que convocaba el presidente López Portillo bajo pretextos irrisorios, pues desde celebrar el día del trabajo hasta la visita de algún líder mundial ameritaban que miles de mexicanos salieran a vitorear a su jefe de Estado. Y justo de esta clase, fue la que convocó el presidente López Obrador para celebrar su cuarto informe de gobierno, aunque mejor dicho fue llevada a cabo para sacudirse la daga que le infligieron miles de ciudadanos que salieron a las calles a rechazar la reforma electoral de la 4T.

La marcha del pasado fin de semana fue cincelada para darle fuerza al menguado orgullo del poder presidencial. Es cierto que acudieron muchas personas de toda la República mexicana –no faltaron los famosos acarreados- al llamado del líder social, pero a diferencia de otro tipo de marchas no acudieron para protestar o para hacer un llamado a la unidad. La marcha fue para demostrar que el movimiento sigue contando con fieles adeptos y recalcaron que ellos –los iluminados- tienen el poder, que son los dueños de las calles y que las cosas van a resultar a la fuerza sin discusión alguna…

Ormeta: A más de uno sorprendió el voto del ministro Laynez para validar la presencia de las fuerzas armadas en las calles, pero es que olvidan que ahorita los votos de los togados tienen las miras puestas en ocupar la presidencia del máximo Tribunal Constitucional.

CAL

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