Retrato Ormeta – El sigiloso secretario de Gobernación

Retrato Ormeta – El sigiloso secretario de Gobernación

Todos los presidentes de la República han tenido un colaborador en el cual depositan gran fuerza política y le dotan de facultades para que lleven las riendas de sus gobiernos bajo la cachucha de ser considerados como los segundos a bordo del poder, ejemplos sobran: el presidente Cárdenas tenía al general Mújica mientras el general Manuel Ávila Camacho tenía al licenciado Miguel Alemán Valdés, así como el presidente López Portillo tenía al abogado Miguel de la Madrid y más recientemente el mexiquense Peña Nieto descansaba su función en Luis Videgaray. Como vemos, los mandatarios mexicanos han creado una especie de ficción de vicepresidencia para aquel colaborador en quien confían y en quien saben tiene la capacidad para que saque adelante sus prioridades de gobierno. Esta especie de vicepresidencia ha resultado útil para el mandatario en turno y sobretodo, ha catapultado a su ocupante para que se convierte en el próximo inquilino de Palacio Nacional.

En efecto, los presidentes de México tienen a su colaborador “consentido” que les representa un jugador de gran ayuda en el manejo de su agenda gubernamental. Sí, los “hombres fuertes” del presidente tienen una cualidad que les permite ser muy útiles en la arena pública, dicha cualidad consiste en tener la confianza plena de su jefe para que puedan trabajar a nombre de su gobierno y a nombre de su patrón. Característica envidiable por muchos políticos porque muy pocos pueden presumir de tener picaporte en Palacio Nacional y sólo unos cuantos elegidos tienen la confianza del jefe de la silla del águila, por lo cual, estos funcionarios elegidos cuando hablan, cuando operan, cuando cabildean y cuando hacen política crean la percepción de que lo hacen con la bendición del poder presidencial. Esto es, todo su actuar se percibe como sí el mismísimo presidente de la República lo hiciera en persona.

No obstante, el poder Ejecutivo no le da tantas facultades y banda ancha a su vicepresidente sólo por su linda carita, sino que le da su voto de confianza para que su colaborador pueda presentarse en foros a los cuales el presidente en persona no debe acudir. Por ejemplo, el titular del Ejecutivo no puede presentarse personalmente ante los líderes opositores del poder Legislativo para negociar su propuesta de paquetes de reformas o su proposición de presupuesto para su gobierno; no puede presentarse personalmente porque esto lo haría ver como un líder carente de un equipo funcional que le ayude en la tareas de gobierno, lo haría ver solo y sobre todo, su falta de presencia física es sana para él mismo porque si personalmente cabildea todo sin intermediarios tanto los éxitos como también los fracasos serán todos y completamente suyos.

Por tal razón, los funcionarios funcionales al presidente le son muy útiles porque operan con parte de su gran fuerza política y todos los éxitos que cocinen son a nombre de su jefe, mientras los fracasos son atribuibles a esta suerte de elegidos políticos. No hay más, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, aunque también lleva una serie de beneficios, uno de los cuáles consiste en que dichos funcionarios con estrella son útiles y necesarios para su jefe, por lo que, siempre estarán presentes en el primer círculo presidencial. Aunado a esto, el funcionario estrella siempre tendrá cerca el oído y la confianza de su jefe político, pequeña situación que lo pone en el escenario como uno de los hombres más poderosos del país.

En este sexenio, parecía que no habría funcionario estrella o consentido, pero los resultados ahí estuvieron, se veía un presidente en sus primeros tres años de gobierno que no contaba con funcionarios cercanos que sacaran su agenda y todo el costo político lo asumía el inquilino de Palacio Nacional. Sin embargo, a la mitad de su mandato, López Obrador nombró a Adán Augusto como secretario de Gobernación, dotándolo de enormes facultades y dándole su confianza para que se convirtiera en el hombre fuerte de su gobierno… Han pasado ya un par de años, y sentimos a un secretario de Gobernación gozoso de su posición, trabajando para su jefe y construyendo sigilosamente su propia candidatura presidencial con la misma estrella que bendice tener el cariño presidencial.

Ormeta: Vaya enredo hay con el supuesto plagio de la tesis de licenciatura de la ministra Esquivel… Todos van a salir con su respectivo quemón de credibilidad, pues tanto la Corte como la UNAM y el gobierno han estado jugando con lumbre sin hacerse responsables del asunto.

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